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Belleza y arquitectura convivieron en la céntrica calle de Madero.
January 28th, 2007 @ 3:31pm

México, 28 Ene (Notimex).- La calle de Madero en el Centro Histórico de la Ciudad de México, vía por la que desfilaron las más exquisitas damas ataviadas con joyas y sedas, pero también testigo de uno de los conjuntos religiosos más grandes y lujosos de América: la casa de los franciscanos.

Conocida con el antiguo nombre de Plateros, la calle en la que radica el "comercio de lujo", fue una de las más características de la ciudad, debido a que la belleza femenil lució a diario sus encantos, refirió el cronista Edgar Tavares, durante un recorrido del ciclo "Paseos Literarios" que organiza el Instituto Nacional de las Bellas Artes (INBA).

Según el también historiador, como muchas otras calles de la ciudad, que cobraron importancia por sus moradores o sus edificios, esta travesía de 700 metros de largo por 12.5 de ancho, cobró importancia también por albergar el Convento Grande de San Francisco, el primero y más grande de su género en la capital.

Se sabe, dijo a un grupo de unas 20 personas, en su mayoría de la tercera edad, que antes de la llegada de los españoles, en ese predio, lo que hoy es el número 7 de la calle de Madero, estaba el zoológico de Moctezuma Ilhuicamina.

"El convento fue construido a lo largo de los tres siglos, su tamaño fue impresionante, pues llegó a ocupar varios metros cuadrados".

Más adelante, en el lugar donde hoy se erige la Torre Latinoamericana, estuvo antiguamente la casa de las Sierpes y de las Aves de la Gran Tenochtitlan, y que más tarde ocupó el área noroeste del convento de San Francisco.

La construcción de la Torre, recordó el investigador, inició en 1948 y terminó en 1956. Tiene una altura de 181 metros, 47 pisos, tres sótanos, y durante muchos fue el edificio más alto de la Ciudad de México.

En dirección al Zócalo, sobre la misma calle se observa el callejón de la Condesa, un edificio de "hermosa fachada" cubierta de azulejos del estado de Puebla.

"Se trata de la casa de los condes del valle de Orizaba, más conocida como la casa de los Azulejos. La casa perteneció al conde del Valle de Orizaba, título otorgado por Felipe III a Rodrigo Vivero, en el año de 1627", dijo.

La casa de las azulejos fue acondicionada más tarde para el Jockey Club. "En este lugar, había salones de lectura, de descanso, de fumadores, sala de armas, comedores y billares entre otros", refirió Tavares. Sigue.

Belleza y arquitectura/dos/Tavares.

A principios de los años 20, la casa fue arrendada a Frank Sanborn, un empresario quien la adaptó para convertirla, en aquella época, en sede de su tienda y restaurante "Casa Sanborns", lugar donde permanece vigente.

Para Tavares, algunas calles del centro histórico, invitan a tomar callejones y bocacalles, pero siguiendo su trayectoria se pueden ir descubriendo magníficos edificios, otrora conventos de frailes y monjas que dieron a la capital brillo, santidad y delicias culinarias que los modernos restaurantes atesoran y reinterpretan.

Unos metros más adelante, en el número 9, está el templo en honor de San Felipe de Jesús. De estilo neorrománico, fue construido en el mismo lugar que ocupó antes una de las capillas que se ubicaban en el atrio del convento de San Francisco, al servicio de diferentes asociaciones y congregaciones.

Sobre los restos de la capilla de Aránzazu, patrocinada por los vascos residentes en la ciudad. Actualmente, el edifico tiene una placa pequeña de metal en la que se indica que es un templo expiatorio a cargo de la orden mexicana de los Misioneros del Espíritu Santo. También es sede de la Congregación de Adoración Nocturna Mexicana.

Al cruzar la calle de Gante, en el número 17 de Madero, se halla un edificio cuyo diseño corrió a cargo del arquitecto Francisco Guerrero y Torres, entre 1779 y 1784. Edificio que fue hogar del emperador Agustín de Iturbide, tras su entrada triunfal a la ciudad, al mando del Ejército Trigarante.

El inmueble adquirido por Banamex (Banco Nacional de México) hace algunos años, hoy es sede de Fomento Cultural Banamex y exhibe la exposición "Nacimientos Mexicanos Arte y Tradición Popular".

A finales del siglo XIX, continuó Tavares, se asentaron diversos edificios y comercios por la avenida, algunos de ellos, señaló, datan del año 1835, como la Joyería Esmeralda, misma que alberga hoy al Museo del Estanquillo, así como el café de La Concordia, que según el cronista, fue muy popular entre la sociedad burguesa de la época.

Un poco más adelante, en la esquina de Madero y Bolívar, se encuentra el inmueble que se hizo construir uno de los mineros más importantes del siglo XVIII, José de la Borda, quien hizo su fortuna con la explotación de las minas de Taxco y Zacatecas.

La casa tiene como característica sus largos barandales y cuenta con un pasaje que comunica Madero con Bolívar. "Ahí estuvo durante muchos años el restaurante Casa Borda, desaparecido en los años 80", en la actualidad alberga diversos locales comerciales, oficinas y talleres.

En Madero y Motolinía se halla la "Casa del Marqués de Prado Alegre", cuya fachada es de estilo barroco, hecha en tezontle labrado con marcos de cantera, rematada con el escudo del marqués.

En la esquina se aprecia un hueco con la imagen de la Virgen de Guadalupe y junto a la placa donde está inscrito el nombre de la calle Madero se conserva una piedra, probablemente de origen prehispánico, donde se grabó la fecha de construcción (1725).

En el cruce de Madero e Isabel la Católica está el templo de la Profesa, construido para la Compañía de Jesús hacia 1720, y la otra época sede de la joyería La Esmeralda, que hoy alberga el Museo del Estanquillo, donde se exhibe una variada y rica colección de piezas de arte popular, que a lo largo de varios años adquirió el escritor Carlos Monsiváis.

 
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