México, 11 Feb (Notimex).- El humor y la amargura, lo poético y lo soez son alternados por el académico don Artemio de Valle Arizpe en "El Canillitas", considerada como su mejor novela, misma que acaba de ser editada nuevamente por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta).
En su colección Abside, en el "Canillitas", de inspiración Colonial (1521-1821), su protagonista, Félix Vargas, emparentado con el Lazarillo, el Buscón, el Periquillo y otros célebres pícaros, vive una existencia marginada, desheredado de la fortuna y la ternura, pero siempre con un inconsciente optimismo y una sana alegría de vivir.
En dicha obra se alternan el humor y la amargura, lo poético y lo soez; mientras el protagonista se mueve en un inframundo de rufianes y canallas, víctimas y victimarios, hechuras de una sociedad inmisericorde que De Valle Arizpe decide retratar con tanta acuciosidad como burla y desenfado.
Don Artemio (1884-1961), como le llamaban sus amigos y asiduos lectores, en largas conversaciones con hombres de gran talento y saber, como el obispo Ignacio Montes de Oca y Obregón, Luis González Obregón, cronista de la Ciudad de México, y Victoriano Salado Alvarez, lo aficionaron a los temas virreinales.
Sucedió como cronista de la capital a González Obregón, estudió libros y archivos, y aderezó a su albedrío la abundante documentación acopiada, dando colorido y brillo a la descripción de los escenarios, relieve a los personajes y animación a las peripecias e inventando diálogos que parecen posibles, aunque improbables.
Abogado de profesión y diplomático, don Artemio, sobre núcleos de verdad, con los adornos y amplificaciones de la fantasía, labró numerosas leyendas.
Más que un historiador fue un literato elegante y mordaz, lleno de ocurrencias.
No sólo formó un estilo adecuado a la vida de la Colonia, que historiaba o inventaba, sino incluso un léxico abundante en arcaísmos.
El célebre escritor español Ramón del Valle-Inclán dijo de don Artemio que él hablaba en "fabla", un español nunca hablado.
Nació en Saltillo, Coahuila, y murió en esta metrópoli. Se sentía muy orgulloso de haber estudiado la preparatoria en el Ateneo Fuente, de la capital de su estado, al lado de otros dos grandes de la pluma, Julio Torri y Miguel Alessio Robles.
Sigue Sale a la luz. dos. Robles.
Fue diputado federal y ejerció la profesión de abogado con poco entusiasmo y estuvo en las legaciones de México en Madrid y Bruselas.
Fue secretario de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM (1934). Para entonces ya había publicado algunos libros y gozaba de fama.
El 1 de febrero de 1942 fue nombrado cronista de la Ciudad de México. Dos años después se dio su nombre a la calle donde vivía, en la Colonia del Valle.
Su sucesor, como cronista, el polígrafo Salvador Novo, le decía a don Artemio que él podía darse el lujo de decir que vivía en una calle y en una colonia que llevan uno de sus apellidos.
En 1944 sufrió una hemiplejía y desde entonces fue muy deficiente su salud; en febrero de 1960 se fracturó una pierna y después lo afligieron nuevos achaques, hasta su fallecimiento.
Su biblioteca personal la donó a la biblioteca de la Universidad de Coahuila. Escribió 57 obras y cientos de artículos en el periódico El Universal, con el título "Del tiempo pasado".
Otros libros que escribió son: El Palacio Nacional de México, La gran ciudad de México Tenochtitlán, perla de la Nueva España, según relatos, de antaño y ogaño, Antología de crónicas, Por la vieja calzada de Tlacopan, Andanzas de Hernán Cortés y otros excesos, Inquisición y otros crímenes, La Güera Rodríguez, Cuentos de México Antiguo y Lejanías entre brumas.
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