México, 31 Ene (Notimex).- Pilar indiscutible de la llamada época dorada de la arqueología mexicana, Alfonso Caso y Andrade, ilustre arqueólogo, filósofo y abogado, cuyas investigaciones contribuyeron al conocimiento de las culturas mesoamericanas precolombinas, nació el 1 de febrero de 1896.
Alfonso Caso investigó especialmente a las culturas de Oaxaca y con su estudio pretendía la comprensión de las raíces culturales mexicanas contemporáneas, dejando un importante legado apoyado por su ética, dedicación y sabiduría.
Entre sus numerosas aportaciones destacan las excavaciones de la zona arqueológica de Monte Albán, zona localizada en los valles centrales de Oaxaca.
En ese sitio descubrió 180 tumbas, entre las cuales destacó la séptima debido a su riqueza en tesoros, principalmente oro, la más grande descubierta en territorio mexicano. Esta correspondía a la cultura mixteca y actualmente las joyas están depositadas en el Museo Regional de Oaxaca.
Caso también participó en el descubrimiento de múltiples sitios en la Región Mixteca, tales como Yucuita, Yucuñudahui, Tilantongo y Monte Negro.
Además estableció la cronología histórica de la ciudad zapoteca de Monte Albán y logró el desciframiento de la escritura mixteca, contenida en los pocos códices precolombinos de esa cultura que sobrevivieron a la destrucción tras la Conquista de México.
El destacado arqueólogo y filósofo es autor de alrededor de 300 obras sobre las culturas mixteca, zapoteca y mexica, así como de interpretación jeroglífica de diversos códices, destacando el vindobonensis, bodley, selden y colombino, entre otros.
El arqueólogo creía que el estudio sistemático de los pueblos mesoamericanos podría ayudar a comprender las raíces culturales de los mexicanos de la actualidad.
Alfonso Caso estudió en la Escuela Nacional de Jurisprudencia, actualmente Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde se recibió como abogado en 1919.
Más tarde ingresó a la Escuela Nacional de Altos Estudios, donde impartió clases entre 1918 y 1933, obteniendo el título de arqueólogo.
Sigue Fue Alfonso Caso. dos. arqueólogo.
Fue miembro de El Colegio Nacional desde el 8 de abril de 1943. Entre otros cargos desempeñados figuran el de director del Instituto de Investigaciones Sociales en 1930; y jefe del Departamento de Arqueología, Historia y Etnografía de 1933 a 1934.
Encabezó las exploraciones arqueológicas en el sitio de Monte Albán desde 1931 hasta 1943, y también fue director del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) entre 1939 y 1944.
Del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Alfonso Caso pasó a ocupar la rectoría de la Universidad Nacional hasta 1945.
Bajo su rectorado, el Consejo Universitario aprobó la Ley Orgánica de esa casa de estudios. Después participó en la fundación del Instituto Nacional Indigenista (antecedente de la actual Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas), que dirigió entre 1949 y 1970. Recibió el Premio Nacional de Ciencias en 1960.
De su obra destaca "La religión de los aztecas" (1936), "El pueblo del Sol" (1953), "Los calendarios prehispánicos" (1967), "El Tesoro de Monte Albán" (1969) y "Reyes y reinos de la Mixteca"(1977), obra póstuma. Murió el 30 de noviembre de 1970 en la ciudad de México.
Como gran visionario que fue, Alfonso Caso fundó las instituciones que aseguraban la continuidad de los estudios arqueológicos, como la Escuela Nacional de Antropología.
Así como la Sociedad Mexicana de Antropología orientada a propiciar el intercambio constante de ideas entre los científicos enfocados al estudio del hombre y aquellas instituciones que aseguraban la protección del patrimonio arqueológico de los mexicanos, como el Instituto Nacional de Antropología e Historia y el Museo Nacional de Antropología.
Sus estudios de las antiguas culturas le hicieron valorar a los indígenas actuales que luchan por su reconocimiento en el México de hoy.
Para apoyarlas fundó el Instituto Nacional Indigenista, organismo que aún dirigía poco antes de morir, en su afán de revalorar, como él decía, "al indio vivo, a través del conocimiento del indio muerto".
Dichas instituciones aún permanecen en la actualidad, en el centro de la política cultural nacional, como una muestra de la visión extraordinaria de este científico, cuya única misión, como él mismo reconocía, era la búsqueda de la verdad.
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