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Muere en México poeta guatemalteco Otto Raúl González.
June 25th, 2007 @ 3:35pm

México, 25 Jun (Notimex).- El Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) dio a conocer hoy la muerte del poeta guatemalteco Otto Raúl González (1921-2007), ocurrida este fin de semana en México, donde residía desde hace 60 años.

González murió la noche del sábado en su casa de la capital mexicana y según versiones periodísticas fue incinerado la víspera para, en las próximas horas, ser repatriado a Guatemala, donde cumplirán su último deseo de que sus cenizas fueran esparcidas en el lago Atitlán, a 140 kilómetros al oeste de la capital guatemalteca.

Recientemente había presentado aquí su libro "La vuelta al mundo en 80 poemas" y en ocasión de ello se refirió a su vida y a su trayectoria, esa que lo tenía muy satisfecho pero a la que aún quería seguir haciendo agregados, pues, sostuvo, seguiría escribiendo hasta que se le parara la pluma y eso aún no acontecía.

"La pluma aún no se detiene, sigue y sigue escribiendo, pero bueno, tengo 85 años cumplidos. Es ya una vida bastante larga. Yo sé que debe llegar un final. En mi caso, está muy cerca. Estoy preparado para recibir a esa novia que se llama muerte. Ni me apena, ni me preocupa, pero sé que ya está cerca el final", reconocía el autor.

"Estoy llegando al invierno de mi vida, lo que hago es seguir escribiendo, escribir y fumar. Me moriré escribiendo y fumando. seguiré luchando por la poesía, seguiré instalado en estas cámaras de tortura de la poesía, que en cierta forma sí son así, pero que tienen salidas hacia otras cosas muy distintas como la felicidad, el placer y la alegría de vivir".

También habló del placer que le dio enseñar, pues fue uno de los primeros escritores que impartieron claase de creación literaria.

Cuarenta libros de poesía señalan la trayectoria de un poeta revolucionario, de izquierda, que era. Ahí queda la belleza capturada en obras de arte, porque eso es la poesía y como dice Eduardo Galeano, los poetas servimos para cantar lo bueno que tiene la humanidad y condenar lo que le hace mal. Servimos para denunciar las condiciones tremendas en que se da la vida de las personas".

Recordó que siempre le había gustado cantarle a la naturaleza. "En primer lugar a la mujer. Luego, a la naturaleza, que es otra mujer. Con eso, todo ya está completo. Claro, también disfruto hablar de la lucha social y la lucha por la libertad".

Fiel a sus ideas a lo largo de toda su vida, González fue fundador al lado de Carlos Illescas y Augusto Monterroso de la Revista Acento, en los tiempos de una de las más difíciles dictaduras militares de Centroamérica.

Así comenzó la labor política que lo obligaría a autoexiliarse en México, a donde llegó con su primer libro publicado y una tajada en el cráneo propinada por los cuerpos de represión, visitó la casa de Alfonso Reyes, a quien unos meses atrás había enviado una copia de su único poemario escrito hasta entonces.

El intelectual mexicano, recordó el INBAL, respondió a Otto-Raúl con una de sus elegantes tarjetas personales y una felicitación de tres palabras. Otto-Raúl González salió de esa casa con una carta dirigida al rector de la UNAM, que le hizo acreedor a una beca para seguir sus estudios.

Fiel a su pasión por las palabras y su interés poético, estudió a la par que Derecho, Letras Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde conoció a sus primeros amigos mexicanos: Rosario Castellanos, Dolores Castro y Jaime Sabines.

Después, cuando el dictador en turno de Guatemala fue derrocado, volvió ahí para continuar en su labor política desde su profesión de abogado.

Participó activamente en la Reforma Agraria de su país y unos meses después fue nombrado embajador de Guatemala en Francia, cargo que rechazó por preferir realizar labor diplomática en México, donde se quedaría a radicar para siempre.

Más que en una sola obra, la importancia del trabajo de Otto-Raúl González radica en la médula de su creación, que mezcla una profunda sensibilidad por el mundo y sus avatares, con la brevedad, la ironía y los juegos de palabras, explica el comunicado del INBAL.

Sus temas predilectos, dice, eran la naturaleza, la fantasía y la observación aguda de la vida cotidiana. Sus poemas, a veces angustiosos, a veces épicos, otras con el humor propio de los países centroamericanos, apuestan por representar lo popular en el oficio poético.

Otto-Raúl González rechazaba la idea de la poesía pura, donde la creación artística se aleja de los problemas inmediatos del hombre para preocuparse por la estética de la creación misma. Para él, "la poesía, como la política, son de todos los hombres".

La labor del poeta en el mundo, solía decir, es la de "existir mientras haya hambre, injusticia, represión, humillación, explotación_y para cantar también a las alegrías de la vida".

Ejemplo de sus textos celebratorios, fue "Diez colores nuevos", uno de sus libros más conocidos y que ha sido reeditado 35 veces en distintos formatos y tirajes.

En él, el poeta inventa 10 tonos con que se iluminan algunos sentimientos de los hombres, a los que describe en unos cuantos versos.

Algunos títulos del poeta son "Para quienes gustan oír caer la lluvia en el tejado", "Colibrí y conejo", "El conejo de las orejas en reposo", "Concierto para metralleta" (Cantigas para el Che Guevara), "Diamante negro", "Versos droláticos" y "El tempo de los jaguares", entre muchos más.

 
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