* Soñó con alternar al lado de Alberto Balderas y "Cañitas
* Descarta repudio de afición por incumplir promesa de retirarse
Por Oscar Pérez Rangel.
México, 10 Ene (Notimex).- A pesar de esa altanería, pero bien encaminada, Rodolfo Rodríguez "El Pana" mostró su parte sencilla, en la que reconoce que ha aprendido infinidad de cosas positivas y negativas de gente que ha estado a su alrededor, y en la que también se da tiempo para admirar a los que han sobresalido en esta fiesta, como dice él, la más hermosa del mundo, la de los toros.
"El Pana" dejó a un lado esa altivez para platicar de las personas que admira, con las que le hubiera gustado compartir carteles, hacer los paseíllos y lograr que los aficionados vibraran con un toreo de arte, distinguido, fantástico.
Aquel de antaño que se veía en casi todos los redondeles de México y que hoy está casi extinguido, acabado, olvidado por las nuevas generaciones que creen que el toreo sólo es de pases naturales y derechazos.
"Hoy el toreo se da a cuentagotas, las nuevas generaciones no saben qué hacer, sólo dan pases, pero no con el corazón, no se dejan llevar, dejan escondido el torero que muy pocos llevan dentro, ese sería el principal problema de la falta de nuevas figuras en México", afirmó.
"De ahí que la fiesta de los toros está en plena agonía, pero yo creo que todavía se puede hacer mucho por salvarla y rescatarla, ese sería otro de mis objetivos, ayudar en algo a mejorarla", aseguró el coleta.
Admirador de Silverio Pérez, Luis Procuna, Luis Castro "El Soldado" y del español Manuel Rodríguez "Manolete", cuya forma de morir ha deseado para él, "El Pana" señaló que nada le hubiera gustado más en esta fiesta hermosa que haber podido alternar al lado de esos monstruos.
También señaló que otro de sus sueños inalcanzables y anhelados hubiera sido el poder torear en un mismo programa con los inolvidables Alberto Balderas "El Torero de México" y de Carlos Vera "Cañitas", en un cartel "para agotar el billete, para acabar el papel".
"Fueron dos toreros de los pies a la cabeza cómo me hubiera gustado alternar con ellos! Habría sido un cartelazo de no hay billetes, con la plaza a reventar y lo de Manolete, siempre he querido morir así como él, sin casamiento, sin familia, sin vieja panzona ni hijos con sarampión", agregó.
Sin embargo, y a pesar de la imposibilidad de armar una corrida así, hoy en día la empresa de la Plaza México comandada por José Antonio González "Chilolín", le ha prometido dos cartelazos, que aunque no muy parecidos al ilusionado, sí tienen a figuras actuales y que también gozan del prestigio y clase de aquellos diestros de antaño, de aquellas viejas glorias que aún habitan en la humanidad de "El Pana".
"Está un cartel con el español José Antonio `Morante de la Puebla" y el colombiano César Rincón con toros de Garfias y el otro con Eulalio López `El Zotoluco" y Rafael Ortega, con ejemplares de Jaral de Peñas, ojalá que ellos acepten torear conmigo, que no les dé miedo y que no me vayan a vetar como antes lo hicieron otros", agregó.
Al reflexionar de dónde proviene "El Pana" o cómo surgió, Rodolfo Rodríguez no encuentra más explicación que el terreno espiritual, el de la inmensa fe que profesa y la cual le ha ayudado a sobrevivir, de salir de infiernos terrenales para ascender a alturas celestiales.
Como la que vivió el pasado domingo, en plena Plaza de Toros México, cuando se desprendió de sí mismo, cuando se dejó llevar por su sentimiento y alcanzó a tocar con las manos la mismísima gloria.
"El Pana es un ente espiritual, de fe inagotable, que nace antes de las cuatro de la tarde, cuando comienza a vestirse el terno de luces y termina su ciclo de vida, esa imagen torera, cuando se quita el traje, ahí es cuando Rodolfo Rodríguez regresa a la dimensión terrenal, y viene la cosa humana, ésa en la que se pide perdón por lo errores cometidos", afirmó.
Sobre el por qué "El Pana" apenas comienza a cosechar triunfos como el del domingo anterior en la Plaza México, luego de una larga carrera de casi 28 años como matador, el torero tlaxcalteca sin pensarlo dos veces respondió: "El Pana sólo venía a México a tragar con puras corridas peligrosas, que en lugar de ser materia prima para crear arte, sólo servían para el rastro, sólo venía a defenderse y a tratar de salvar su vida", señaló.
Pero como buen hombre de fe que es, siempre supo que el Poder Divino lo ayudaría a regresar muy pronto al coso Monumental, a la Plaza México a triunfar, y por medio de una persona como "Chilolín", ese milagro se dio.
"El empresario José Antonio González me ayudó, creyó en mí, me dijo que cuando él estuviera al frente de la Plaza México me daría una digna despedida, con toros que valieran la pena y lo cumplió, a él todo el agradecimiento por lo que hizo por El Pana", recordó.
Descartó el que la gente le vaya a repudiar por no cumplir con su palabra de retirarse el pasado domingo, ya que sus verdaderos seguidores lo entenderán y además, ellos desearán verlo de nuevo en el ruedo, ahí donde "El Pana" es impredecible e imprescindible para la fiesta brava nacional.
"Mis detractores puede que sí, pero mis verdaderos seguidores no creo que lo hagan. El Pana es un torero al que se le han ido vivos seis bureles en 14 corridas, y la gente lo ha tolerado y esperado, a cualquier otro lo hubieran sacado a patadas de la plaza, además, les gusta la forma de ser de este diestro, que lo mismo toca flamenco en la guitarra que declama", afirmó.
Finalmente, "El Pana", a sus casi 55 años de edad, confió que en la próxima corrida que tenga se vuelvan a asomar al ruedo los grandes maestros, de aquellos a los que trató de aprenderles las mejores cosas y a los que seguirá admirando y reconociendo por encima de todas las cosas.
"Ojalá las sanjuaneras de Procuna, los trincherazos de Silverio y las verónicas de Andrés Blando se asomen al balcón, que la gente vea que el toreo no es corto sino largo, que hay suertes antiguas tan bellas como actuales, que hubo genios de la tauromaquia que hay que rescatarlos", señaló el nacido en Apizaco, Tlaxcala, un 2 de febrero de 1952.
Así concluyó una larga y amena charla con ese personaje taurino, que según palabras de Rodolfo Rodríguez, nació como un producto de las circunstancias, debido a la carencia de valores de la fiesta, de la monotonía, y de la urgente necesidad de salir de la miseria.
Y para despedirse, remató con esta frase; "el torero es un vendedor de sueños, si les gusta lo que hago, dénme sus aplausos, si no, sus abucheos, venga el arte".
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